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Editorial

Trámites frustran patentes en Colombia

Trámites frustran patentes en Colombia

En cualquier país patentar es primordialmente una decisión de negocio, en Colombia es la posibilidad que tiene un invento de perder su impacto en el mercado.

Casi cuatro años dura el largo trámite, acompañado de una legislación que, para los inventores, resulta tormentosa.

Una patente es un certificado de propiedad otorgado por el Estado de cada país a un titular para que ejerza derechos sobre su objeto o proceso inventado, durante 20 años.

Los países con más solicitudes de patentes hasta el 2008 fueron Estados Unidos con 23,9%, Japón con 20,5%, China con 15,2%, Corea del Sur con 8,9% y la Oficina Europea de Patentes con 7,7% sobre el 100% hechas en el mundo.

Indicadores del Banco Mundial muestran que, en Latinoamérica, hasta el 2006 los líderes fueron Brasil con 20,12 solicitudes por millón de habitantes y Argentina (sin datos específicos), seguidos por Chile con 17,71 y México con 5,51. Colombia tuvo 3,18 requerimientos de patentes por millón de habitantes para el mismo año, mientras a 2009 la cifra disminuyó a 2,84.

El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) es la universidad con más patentes otorgadas en el mundo: recibe en promedio 300 por año, y de estas comercializa con éxito el 10%.

En nuestro contexto, históricamente la Universidad Nacional de Colombia ha hecho 40 solicitudes, 15 están en trámite, 8 han sido otorgadas y solo 2 permanecen vigentes.

A paso lento, muy lento

En Colombia son patentables las invenciones consideradas como una solución nueva a un problema o necesidad de la sociedad, y los modelos de utilidad, es decir, la reforma mecánica de un artefacto o un invento existente. Por el contrario, no son patentables software, métodos de hacer negocios y métodos terapéuticos, como sí ocurre en otras naciones.

En el país hay 2.659 patentes vigentes. Hasta el 2009, el número de solicitudes fue de 1.674 y se concedieron 478, según la Superintendencia de Industria y Comercio, entidad encargada de recibir las peticiones.

Aunque tramitar la solicitud de una patente en Colombia cuesta cerca de $300 mil (la taza más barata en Latinoamérica, después de Ecuador), el proceso de obtención puede tardar hasta cuatro años para invenciones y dos años y medio para modelos de utilidad.

Jhonny Tamayo, director de Investigación de la Facultad de Ingeniería de la UN en Manizales, explica que dicha prolongación del tiempo se convierte en un veneno letal para los inventos, ya que pasados 2 ó 3 años dejan de ser productos de impacto tecnológico, innovadores y competitivos, pues otros países ya los han lanzado al mercado.

Por ejemplo, la Oficina de Patentes de los Estados Unidos, una vez recibe documentos de solicitud, tarda entre tres y seis meses para responder. “En contadas ocasiones se extiende hasta un año”, dice Tamayo. Tiempos similares se establecen en el antiguo continente, según la Oficina Europea de Patentes.

Solicitudes huérfanas

La Decisión 486 de la Comisión de la Comunidad Andina de Naciones, en su artículo 44 indica que, luego de seis meses contados desde la publicación de la solicitud, el peticionario debe pedir que se examine si la invención es patentable. Si esto no ocurre, la petición cae en abandono y la Superintendencia no continúa con el trámite.

Jaime Mayorga, jefe de la Oficina de Patentes de la UN, afirma que en el mundo académico es muy frecuente que los investigadores olviden dicho requisito. Entretanto, considera que el artículo 44 carece de sentido y es un agujero negro de dicha legislación que no debería obligar a pedir otro examen luego de la publicación de la solicitud. Sin embargo, Diana Vivas, jefe del Banco del Grupo de Patentes de la Superintendencia de Industria y Comercio, asegura que algunas veces es el mismo solicitante quien toma la determinación de no insistir en el proceso frente a oposiciones de terceros o por la falta de interés comercial en dicho invento.

Registros de la entidad señalan que el 36% del total de las solicitudes nacionales presentadas son declaradas en abandono.

Encrucijada peligrosa

Dicho está que Colombia es un país megadiverso y por consiguiente muchos investigadores fijan sus estudios en la riqueza natural del país. Paradójicamente, uno de los grandes problemas, al momento de patentar, se presenta en los estudios con material biológico.

Por ejemplo, un investigador debe esperar hasta un año para obtener la financiación de su proyecto. Para ejecutarlo cumpliendo con las normas ambientales, primero es necesario adquirir un permiso de investigación y un contrato de acceso a recurso genético por parte del Ministerio de Ambiente.

Pero antes de ello, se debe tramitar un permiso del Ministerio del Interior y de Justicia que certifique o no la existencia de comunidades étnicas en el área donde se va a desarrollar el proyecto, lo que puede tomar hasta un año. “Si la hubiere, es obligatorio adelantar un proceso de consulta previa con el grupo local, que podría tardar hasta dos años más. Por lo tanto, la obtención de los permisos finales del Ministerio de Ambiente puede demorarse en total tres años debido al lento proceso del Ministerio del Interior”, afirmó Gonzalo Andrade, asesor de la Vicerrectoría de Investigación de la UN.

En esta encrucijada, los investigadores con recursos de financiación que tienen tiempos específicos para su gasto se ven obligados a devolver el dinero o comenzar su estudio sin el cumplimiento de la normatividad ambiental. Muchos optan por esa vía, y cuando finalizan su investigación, no pueden solicitar la patente por no tener los contratos mencionados. Un caso que evidencia esta realidad ocurre en el Instituto de Biotecnología de la UN, donde se descubrió un biopolímero derivado del azúcar común que reduce el colesterol en la sangre, y no ha podido patentarse.

Ante esta situación, queda en duda el camino que deben tomar los científicos y sus propias reflexiones sobre la visión de hacer negocio y sacar provecho de sus inventos. La legislación y las instituciones podrían tomar como ejemplo a los Estados Unidos, donde luego de un rápido trámite se puede patentar hasta lo inimaginable desprendiendo de ello una gran industria y número de empleos.

Un buen paradigma que muestra cuán rentable resulta ser una patente podría ser la Warner Brothers Corset Company. En la segunda década del siglo pasado, luego de comprar por solo US$ 1.500 los derechos sobre la patente de la invención del brasier, esta compañía ganó alrededor de US$15 millones en los siguientes 30 años. Hay que preguntarse entonces, ¿cuánto provecho se podría obtener solo en el campo de la riqueza biológica colombiana?

 

http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/nc/detalle/article/tramites-frustran-patentes-en-colombia/

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