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Editorial

Bajo cauca: pasa el invierno y vuelven las muertes

Bajo cauca: pasa el invierno y vuelven las muertes

"Las bandas criminales son lo peor que tiene la sociedad colombiana, son simplemente mercantiles de la muerte o la droga y asesinan sin ninguna razón”, general Sergio Mantilla.
El 22 de diciembre un periodista intentaba cubrir la pérdida de 700 metros de banca en la vía Colorado - Nechí, que se había llevado consigo seis postes de luz. Lo detuvo un alto, impuesto por dos motorizados armados que lo seguían. Tardó más de media hora tratando que lo dejaran salir con vida de allí, y mientras, estuvo explicándoles que no era el miembro de otra banda criminal que les estuviera haciendo inteligencia, como ellos decían. “Por eso decimos que tenemos Caucasia por cárcel, es muy peligroso transitar por las vías que comunican los seis municipios del Bajo Cauca”, dijo.

La tranquilidad vivida en Caucasia durante el mes de noviembre y mediados de diciembre parece haber rebosado lo aceptable. La capital del Bajo Cauca antioqueño disfrutó durante las fiestas de fin de año de un ambiente ameno y agradable que le permitió a muchos recogerse en el seno de sus hogares. Sin embargo la calma fue interrumpida por una sucesión de hechos que han caldeado la angustia entre los habitantes de la subregión.

Uno de los hechos violentos anteriores a la calma ocurrió el 10 de noviembre, cuando sicarios de una ‘bacrim’ intentaron asesinar a un guarda de tránsito, pero el revólver se les envainó y no lo mataron. Islena Flórez, una mujer de aproximadamente 30 años, vio la escena y luego de un mes y medio de tranquilidad, fue asesinada en el barrio El Camello, de Caucasia. Quienes la conocieron dicen que su delito fue ver el intento de homicidio.

Durante el apacible fin de año algunos habitantes manifestaron su preocupación por lo que se hubiese podido orquestar durante la tensa calma decembrina.

Unos dicen que pudo haber una tregua similar a la que supuestamente se pactó entre los combos y las bandas de Medellín por la misma época y que las autoridades civiles de la ciudad refutaron.

Otros afirman que agotadas por los enfrentamientos, las ‘bacrim’ usaron el mes de diciembre para reabastecerse, reclutar nuevos sicarios y hacerle inteligencia a las bandas opuestas. Si esta última versión fuera cierta, las ‘bacrim’ ya cesaron la pausa.

Aumentan las muertes

Así lo indican varios hechos, como el ocurrido el martes 11 de enero, cuando fue asesinado un peluquero de 22 años. “Mataron al que no era”, dijeron tras el homicidio, “venían por el dueño de la peluquería”.

El martes 18 de enero, en horas de la noche, en el barrio Pueblo Nuevo, de Caucasia, el CTI realizó el levantamiento del cadáver de Kelly Milena Aguilar Gandía, de 24 años. La mujer, madre de dos hijos y colocadora de apuestas, fue asesinada con arma de fuego. Tras el ataque hubo un segundo intento de homicidio contra una vendedora de apuestas, lo que tiene atemorizadas a las demás vendedoras y hace suponer a las autoridades de posibles extorsiones.

Por esos días Jonathan Chanci Matio fue asesinado en la vereda El Porvenir, a 15 minutos de Caucasia. Antes de recibir los tres tiros que acabaron con su vida, amarrado a un poste, al hombre de 30 años le fueron arrancados sus dientes. La causa fue, al parecer, que tenía el apellido de Ángel de Jesús Pacheco Chanci, alias “Sebastián”, presunto cabecilla de ‘los paisas’ en el Bajo Cauca. La familia del difunto Chanci tiene una carnicería en el casco urbano de Caucasia, donde les habían tirado una granada en junio de 2010.

También en Caucasia fue asesinado el administrador del Grill Las Vegas, un hombre de aproximadamente 23 años. En ese lugar ya se habían cometido homicidios y tirado granadas.

Pero no solo los profanos han caído. Según el reporte judicial de la Policía Antioquia, el miércoles 19 de enero, en el barrio El Castillo, fue asesinada Everlides Cecilia Araujo, esposa de un pastor cristiano. La mujer de 36 años departía en una sobria celebración de una joven cristiana que cumplía 15 años, pero a las 10:00 de la noche dos sujetos arremetieron contra las personas que había en la casa, hiriendo a un niño de 5 años, una adolescente de 14 y un pastor de 41 años, distinto al esposo de la difunta.

Control territorial

Para controlar los corredores viales y sacar a los habitantes de la cárcel en la que sienten vivir, el pasado miércoles en la tarde las tropas de la XI Brigada de la Séptima División del Ejército, libraron un combate con la banda criminal de ‘los paisas’. En el combate falleció el cabo segundo Pedro Jesús Duarte Bermúdez. El operativo de control territorial fue realizado por las tropas junto al DAS y la Policía Nacional, en la vereda Puerto Bélgica, del municipio de Cáceres. En la misma acción fue dado de baja uno de los alzados en armas perteneciente a dicha organización delincuencial y además fueron sometidos a la justicia dos sujetos de la misma estructura.

Finalmente disturbios presentados el sábado en Nechí, protagonizados entre la Policía y un grupo de personas ebrias, dejaron muerto a Jorge Luis Sabaleta Macías, de 18 años. Las circunstancias de la muerte son confusas. Los policías dicen que el estudiante universitario trató de quitarle el arma de dotación a uno de los policías que intentaban evacuar el lugar porque era hora de cierra. Sin embargo, ya de día, una turba de más de 300 personas intentó quemar la estación de policía y fue necesario que llegaran más de 200 refuerzos de Caucasia para mantener el orden.

Causas

El general Sergio Mantilla Sanmiguel, comandante del Comando Conjunto Caribe del Ejército, hizo referencia al enfrentamiento entre bandas criminales, aduciendo que esta es la que subleva el orden. El militar indicó que las bandas criminales, particularmente ‘los urabeños’ y ‘los paisas’, (‘los paisas’ están aliados con ‘los rastrojos’), han estado en una confrontación por el control de las rutas que les permiten sacar la cocaína hacia el mar. “Esa es su función principal, pero como son criminales cometen atropellos, particularmente contra la población civil”. El oficial dijo que las bandas están formadas por cuadrillas compuestas por grupos de 20, 30, o máximo de 40 personas en algunos momentos.

Farc

El general Mantilla Sanmiguel también refirió la alianza Farc – bandas criminales, que en su concepto “es un escalón más de la degradación que esos grupos (Farc) están sufriendo. Aliarse con sus antiguos enemigos y terminar convertidos en lo mismo. El proceso de degradación de las Farc los obliga a hacer este tipo de alianzas con narcotraficantes para comercializar la base de coca y cristalizarla”.

Rutas de la cocaína

Los mercados de la coca local son Europa y los Estados Unidos, afirmó Mantilla. “Si uno se viene desde allá y llega a territorio colombiano va a encontrar las rutas en las costas y los lugares que les facilitan el movimiento de las drogas”.

“Muchas de esas rutas se han cerrado, pero entra en juego la malicia del colombiano y han encontrado otras rutas. Hay una ruta que viene por el río Atrato, desde el departamento del Valle, pasando por Risaralda, hasta llegar a Turbo y salir al Golfo de Urabá”.

“Otra ruta pasa por el río Cauca y llega a Santa Fe de Antioquia con dirección hacia Dabeiba, por el cañón de La Llorona; o va hacia el Norte y luego Caucasia, por ese mismo cañón del río Cauca, empleando las carreteras”.

“Hay otra que viene del Magdalena Medio y pasa por los municipios de Vegachí, Yalí y va también en dirección hacia el Cauca, en donde se encuentran parte de los cristalizaderos, o en los alrededores de Medellín, donde en lo corrido de 2010 se encontraron cinco cristalizaderos”.

“Es un triángulo entre Urabá, Bajo Cauca y Medellín, en cuyo centro está el Nudo del Paramillo”.

La renta

El comandante de la Séptima División del Ejército afirmó que el cristalizadero es el que le da el valor agregado al negocio de la coca. “Los ingresos del que la cultiva, la raspa y hace los primeros procesos, no son mayores. El valor agregado lo obtienen una vez la droga está cristalizada y pasa por las manos del experto químico”.

Una vez cristalizada la pasta de coca, las bandas criminales tienen una renta cercana al US$1 millón, o millón y medio por tonelada. “Esa es la ganancia que le deja a quien la mueve y la logra colocar en el mar”. Esa renta, además de la minería ilegal, es la que financia la guerra entre las bandas criminales que hoy embullen la muerte en el Bajo Cauca.

http://www.elmundo.com/sitio/noticia_detalle.php?idedicion=1996&idcuerpo=1&dscuerpo=Sección A&idseccion=8&dsseccion=Antioquia&idnoticia=170279&imagen=

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